El registro de facturación
Cada vez que emites una factura, el sistema genera además un registro de alta: un documento electrónico con los datos fiscales de la operación —emisor, destinatario, fecha, base, cuotas, total— y con metadatos del propio sistema.
La factura es lo que ve tu cliente. El registro es lo que interesa a Hacienda, y es lo que no se puede tocar.
La huella y el encadenamiento
Sobre cada registro se calcula una huella con el algoritmo SHA-256, según establece la Orden HAC/1177/2024, de 17 de octubre. Y aquí está el mecanismo central: esa huella incorpora la del registro anterior.
El efecto es una cadena. Si alguien modifica una factura del pasado, su huella cambia, deja de coincidir con la que guardó el registro siguiente, y la manipulación queda a la vista sin necesidad de comparar con nada externo.
Es la misma idea que hace verificables las cadenas de bloques, aplicada a un problema mucho más acotado.
El código QR
Toda factura debe incorporar un QR que codifica los datos necesarios para localizarla y contrastarla. Quien lo escanea puede comprobar si esa factura fue efectivamente declarada.
Para el receptor de una factura es una herramienta útil: permite verificar que el proveedor la ha registrado antes de darla por buena.
El registro de eventos
El sistema debe anotar por su cuenta lo que le ocurre: arranques, exportaciones, incidencias, intentos de acceso. No es un registro que lleves tú, sino algo que el programa mantiene solo y que debe poder mostrarse.
Su función es detectar manipulaciones del propio sistema, no de las facturas.
Las dos modalidades, por dentro
En modalidad VeriFactu, cada registro se remite a la AEAT en el momento. A cambio de esa transparencia, los requisitos de conservación local se relajan.
En modalidad no VeriFactu no hay envío, pero los registros deben ir firmados electrónicamente y conservarse con garantías durante el plazo legal, quedando a disposición de Hacienda. Es más exigente de mantener y por eso es la opción minoritaria.